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docente o colegas, para luego llevarlo a un lugar de integración de ese conocimiento, permitirá
concretar su tarea, de forma autónoma. De esa forma nacerá en el estudiante la independencia
para formar su aprendizaje, centrándose la influencia de la interacción social, en desarrollar la
cognición del individuo, (Bravo et al.,2017; Vygotsky, 1979).
Por su parte, la teoría cognitiva de Bruner, trata de explicar la manera como los individuos
llegaron a la comprensión de sí mismos, el entorno y el valor que toma el conocimiento en
correspondencia a su entorno, (Kato y Kami, 2001), es decir, que el aprendizaje se construye
partiendo de un proceso activo, en el cual la persona aporta en la obtención de nuevos
conceptos, los cuales tienen un respaldo en el conocimiento obtenido y la experiencia vivida, es
decir que es el arquitecto de su aprendizaje propio y al realizarlos tiene la posibilidad de
autorregularlos, procesarlos y crear un pensamiento autónomo, (Prado, 2019). De igual forma,
a través del tiempo, este se ha utilizado en las diversas modalidades educativas desde el
desarrollo del infante y adolescente.
El aprendizaje autónomo se asienta en tres pilares: el saber, el saber hacer y el querer,
considerando a la autonomía en el aprendizaje como una clave para lograr una buena de la
educación, (Gamboa et al.,2018). Se le considera como un sistema ordenado de procesos
mediante el cual el individuo forma un desarrollo propio y aprendizaje, escogiendo herramientas
y estrategias en el tiempo oportuno y de esa forma puede aplicar lo aprendido dependiendo
únicamente de si mismo, de ese modo, la transformación y el cambio en su aprendizaje depende
de la experiencia aprendida en forma personal y subjetiva, (Prado, 2019).
Las subdimensiones que se contempla son tres, la primera, las estrategias de aprendizaje, que
consiste en la indagación acerca de la forma como los estudiantes organizan, sistematizan e
integran información, con la finalidad de resolver problemas emergentes; la segunda dimensión,
es la gestión del tiempo, que implica la autoevaluación sobre las necesidades de aprendizaje
autónomo además de las circunstancias de instrucciones controladas; y la tercera, es la reflexión
existente sobre las estrategias propias como también aprendizajes ,que implica la reflexión y
reconocer sus habilidades únicas y posibles dificultades que se da en adquirir nuevos
conocimientos, (Reyes, 2017) (Gamboa et al., 2019).
Un rasgo característico del aprendizaje autónomo es el uso de estrategias para la obtención del
conocimiento, (Navarro, 2017) que considera al aprendizaje autónomo como un sistema de
procedimientos de orden cognitivo, que su aplicación tiene el fin de obtener aprendizajes y lograr
resultados eficaces en el área afectiva-motivacional en el desempeño del educando. Es una forma
de innovación del pensar crítico, reflexivo y analítico del estudiante donde se estimula su
participación y expresión de ideas argumentativas, (Vega y Gutiérrez, 2019), con la adquisición
del conocimiento de parte del estudiante, se logra el planteamiento de objetivos y estrategias de
aprendizaje de modo personal y en conjunto con otros individuos, analiza lo complejo de la
tarea, toma la estrategia que le conviene y fija el ambiente y herramientas para el logro de su
aprendizaje, (Medina y Nagamine, 2019).
Por otro lado, la planificación propia en la organización de estrategias, es el establecimiento de
metas de aprendizaje y actividades que hagan posible el logro de una tarea. Estas metas
establecen los intereses, creencias, motivos, razones, y deseos que se logren proponer los